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Machos, varones y sexo

 

La sexualidad masculina desde una vision de genero

 

Nuevos planteamientos emanan de la realidad masculina actual. La androcéntrica forma de concebir la realidad y la habitual dicotomía entre sexo y género nos han hecho crecer en una cultura donde el punto de partida es lo masculino, y desde ese lugar se miran y sienten las cosas.-
El hombre ha sido medida de todo, el modelo y paradigma. La tarea del presente es hacernos preguntas y esbozar respuestas: ¿Cómo podemos agilizar la comprensión de los nuevos problemas que tenemos como varones?, ¿podemos facilitar que se reformulen categorías en cuanto a cómo nos relacionamos?, ¿podemos articular formas concretas que nos ayuden a pensar y actuar en torno a la masculinidad?, ¿podemos recrear la alianza hombre-mujer en tanto seres humanos?
Formularme estas preguntas y encontrar algunas respuestas es resultado de un proceso. Desde hace 25 años trabajo en el campo de la sexología, he pasado por varios periódos y transitado diferentes temas.-
Este camino me permite una visión integradora, existencial y vivencial del significado de ser varón, de nuestra sexualidad y de las dificultades que se presentan en la construcción de nuestra identidad.-

Para aproximarnos a la comprensión de la identidad masculinna es necesario analizar conceptos latentes en el sexismo, en el machismo y su significado.
Las ideologías masculinas son construcciones sociales que se estructuran en base a relaciones asimétricas entre los géneros, articuladas en fuerzas y juegos que exhiben múltiples manifestaciones y que responden a la pluralidad cultural, creando discursos que subordinan a la mujer, devalúan la esfera de lo femenino, y que también se dirijen al hombre porque los encuentros entre hombres están trabados por la competencia y la posibilidad de conflicto.-
Cuando entre varones se habla de esto, generalmente las opiniones están distribuidas en dos opciones: quienes se reconocen machistas y quienes no.- Cada bando suele hacer la apología de su opción y condena la del otro.- Pero raramente se pone en discusión el significado mismo de ser varón, por cuanto machistas o no, nos reconocemos como varones por derecho natural.-
Es una confución ya que las personas de sexo masculino nacemos así por una combinación genética. Esto no implica automaticamente ser varón, lo cual supondría aceptar que serlo es un hecho biológico. No nacemos varones, nos hacemos, recorriendo un proceso de socialización en un marco cultural determinado.-
Al nacer y ser identificados por nuestros genitales, la sociedad trata de actuar en nosotros lo que entiende que debe ser. Fomenta algunos comportamientos, reprime otros y nos transmite ciertas convicciones con carácter de dogmas de fé sobre el significado de lo que somos.-
Estas represiones, exigencias y dogmas devienen limitaciones en cuanto a posibilidades y libertad, que rara vez son reconocidas, pero no por eso dejan de estar presentes y de sufrirse, aunque sin cuestionamiento, ya que ser varón es considerado un valor en si mismo.-
Por otro lado, la sociedad trata de uniformarnos en lo que sería el prototipo masculino, reduciendo las diferencias potenciales. Este proceso paralelamente nos aleja del grupo de las mujeres, en el cual también ocurre uniformación con diferentes contenidos.-
Los hombres no somos tan parecidos entre nosotros, ni tampoco tan diferentes de las mujeres; no obstante el sistema nos trata como si las personas fuésemos idénticas con relación a los demás miembros del mismo sexo. Que los varones tengamos más fuerza muscular que las mujeres no significa que todo hombre sea más fuerte que cualquier mujer.--
Algunos hombres tienen menos fuerza que muchas mujeres, y esto mismo ocurre con todas las caracteristicas tradicionalmente asignadas por sexo. Sin embargo, la sociedad prohibe ciertas actividades a las mujeres y las autoriza para los hombres, independientemente de lo fuerte o no que sea cada persona concreta.
Otro proceso de estandarización normativa es el que consiste en interpretar como femenino todo lo que hacen las mujeres, y como masculino todo lo que hacemos los varones. Si nos ocupamos de nuestro bebé, los demás piensan que somos sospechosamente dulces y maternales, pero difícilmente acepten que podemos ser también dulces.-
Los únicos roles biológicos que perduran son los relacionados con la reproducción y la lactancia. Los descubrimientos de la ciencia y la técnica suponen que ni siquiera los guerreros necesitan de cualidades encumbradas como de un sexo. Puede ser tan feroz un general como fuertes las madres de pañuelo blanco: sin embargo, seguimos repartiéndonos todo según los genitales de cada uno, y angustiándonos cuando las cosas no funcionan como pensamos.-
Sin discutir ahora este tipo de organización social, preguntémonos: ¿todos los varones acordamos en esto?. Los que no acordamos y queremos superar estas normativas: ¿podremos hacerlo?, ¿a qué precio?. Algunos podremos y otros no, pero transgredir tiene un precio.-
En el reparto social de roles, los varones tenemos reservados espacios que podríamos llamar externos o públicos y las mujeres el ámbito doméstico o privado (si me permiten la sobregeneralización).-
La valoración social de esas esferas sitúa a los unos arriba de las otras, y cuando se plantean cambios en los protagonistas respectivos de esas esferas las mujeres están en la posición de ganadoras potenciales y los hombres en la de perdedores potenciales. Por lo tanto, cualquier discusión entre hombres va a partir de la percepción de que estamos perdiendo espacios. Pero esta percepción es la llave para otro reconocimiento más duro: que de hecho hay espacios que hemos perdido desde hace mucho tiempo en aras de la carrera, la competencia, el reconocimiento y el éxito.-
La lógica de ganar y perder nos encierra, vedándonos oportunidades de comunicación entre nosotros, con nuestras compañeras e hijos, atándonos a la idea de que todo ello constituye una pérdida de tiempo.-
Las relaciones interpersonales son deshumanizadoras porque están reguladas bajo esa lógica de ganar y perder, del poder y no de la comunicación libre, igualitaria y fraterna, necesarias para la construcción de un mundo mas justo y humano.-
Llegado el momento de analizar el significado de la masculinidad, que la identidad de género se confunda con la supremacía masculina, lleva a dificultar aún más cuestionarla por cuanto renegar de esa valoración puede significar simbolicamente, renegar del sexo propio.-
En este punto, los grupos de varones como los que coordino rescatan ese espíritu de cuerpo dándole nuevo sentido, un sentido fraternal y de apoyo en el intendo por descifrar estos nuevos interrogantes, por explorar nuestros sentimientos en relación con el hecho de ser hombres hoy.-
El análisis desarrollado tiene expresiones dramáticas cuando se manifiesta en individuos particulares en forma de ideas, actitudes y conductas.-

Un elemento generalizado es el que se ha dado en llamar imperialismo del coito. Para muchos la única posibilidad de disfrute sexual es el coito vaginal, sin considerar que existen otras formas de gratificación. Cuando el coito no se realiza, todo lo demás que sí puede hacerse se interpreta como un mero sucedáneo o como un preliminar sin demasiada importancia. Para otros, lo que no es coito es pecado. Para algunos sectores, el coito acompañado de orgasmo es sinónimo de salud y realización personal.-

Todo esto podría ser entendido para épocas donde el crecimiento de la población era una necesidad. El ejercicio de la sexualidad debiera ser sinónimo de placer, sin importar demasiado que tipo de cosas se hagan en particular. Consecuentemente, muchos coitos no serían sexuales, porque no brindan placer y se reducen a meros encuentros reproductivos o de dominación.-
Así vivido, el coito aparece cargado de connotaciones de autoafirmación y poder, no puede ser jugueton ni algo que hacen dos personas, sino que se transforma en algo muy serio que uno le hace a otra.
El imperialismo del coito devalúa también otras formas de intercambio sexual, como la masturbación, el sexo oral, las caricias, etcétera, y transforma una disfunción eréctil en una verdadera impotencia si alguien por una dificultad en su pene se ve imposibilidado de dar y recibir placer. Nuestro verdadero órgano sexual es mucho más amplio que los genitales, es nuestra persona completa.

Otro elemento a tener en cuenta es la utilización de las relaciones sexuales como demostración de masculinidad. Constantemente vemos que los medios sobreestimulan nuestra sexualidad. Se nos muestra que un verdadero varón siempre esta dispuesto para el sexo, por tanto, sentir deseos sexuales será una prueba de virilidad. Estas marcada obseción por el sexo no hace más que interferir en la calidad del encuentro.

Los varones deseamos a las mujeres. Reglas claras y objetivos precisos. Vivimos una época en que las mujeres también expresan sus deseos, toman iniciativas y proponen. ¿Qué ocurre entonces? Quedamos sin nuestro típico libreto y... no funcionamos.

Las relaciones sexuales son para intercambiar placer, sin embargo se persiguen objetivos no sexuales por medio de esos encuentros, como demostrar capacidad de conquista, potencia sexual, rendimiento, heterosexualidads si se teme a la homosexualidad, etcétera. En estas circunstancias el placer es sólo secundario, importando cumplir un rol, y cargar tensiones relacionadas con demostraciones de ese tipo depara fracasos estrepitosos por parecernos al prototipo masculino que asi vivido resulta inalcanzable y angustiante.
Otra contingencia para reflexionar es la disociación, entre sexualidad y afectividad. Desde el punto de vista de la obtencióm del placer, no habría reparos y aún podría ser beneficioso, incluyendo la consideración de la mujer como objeto y por tanto la posibilidad de recambio contínuo. Aún quienes se manejan así no encuentran gratificación suficiente, porque actúan como si fueran solamente cuerpos en interacción, sin aportar completa dimensión humana a la sexualidad, reduciéndola a mera gimnasia o acto de cacería que puede ser divertido, pero a la larga provoca angustia existencial por no implicar a la persona humana en su totalidad.-
¿Buenos o malos amantes? Aún los buenos atribuyen el placer de la mujer a su propio desempeño. Parece la actualización del príncipe azul, la toca y ella alcanza el orgasmo correcto. Fantástica manera de prestigiarnos, pero muy peligrosa, porque abre el campo para sentirnos examinados por nuestra compañera y aun funcionando bien desarrollar una actividad sexual frustrante.-
Me consultan muchas personas víctimas de este demoledor sistema de creencias, pero lo que muchos hombres y mujeres debieran aprender es que no podrán alcanzar el placer que desean mientras no se den cuenta de que el contacto sexual más efectivo no es algo que un hombre hace a una o por una mujer, sino algo que el hombre y la mujer hacen juntos como personas en igualdad de condiciones.-

 

Fuente: Dr. Juan Impallari

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