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Relaciones de género en la prostitución. Construcción social de nuevas subjetividades. Investigación de la F. de Trabajo Social U.N. de E. Rios. 1a. parte.

 

Investigación que indaga los procesos de interacción entre mujeres en situación de prostitución, y clientes. La investigación en profundidad a través de entrevistas e historias de vida, amoliar la mirada acerca de un fenómeno naturalizado y sin cuestiona

 

LEVANDO ANCLAS: NUESTROS MUELLES DE  EMBARQUE

Creatividad conceptual y resignificación de desavenencias

Puestas en situación de trazar  retrospectivas  en esta investigación, el  esfuerzo  se inclina  a cruzar recurrencias con figuras metafóricas.

Si esto aparece entramado en diferentes producciones de  equipo efectuadas durante  nuestro trabajo investigativo, lejos está de delatar una pura veleidad estética.

Nos  habla  en cambio de voluntades adscriptas a lo que Braidotti denomina “formas de creatividad conceptual” (Braidotti, 2000: 79).

Ellas  entran en disputa  con el carácter preformativo de  ciertos lineamientos “rígidos, tediosos y rutinarios del lenguaje académico” (Braidotti, 2000: 79) de los que deviene -demasiado a menudo- la captura de los conceptos en planos nebulosos e inteligibles.

  A  modo de entidades fundamentalmente  abstractas, trascendentales y a- históricas, que no logran reconciliarse con los avatares de nuestra existencia. 

  De la obra de autores como Deleuze- Guattari (1988), es posible  inferir además una importante premisa: los conceptos no se sitúan sólo en el plano del pensamiento, sino también en el de los afectos.

  Se encarnan en nuestros cuerpos, nos afectan y afectan al mundo. Lo que implica resignificar  las “desavenencias”  en el divorcio cabeza/ cuerpo  impuesto por la tradición del pensamiento occidental.

  Para muchas/os tal vez esto remita a una especie de acto impío que corroe cimientos en la construcción del conocimiento científico.

  Para  otras / os (entre quienes nos contamos) se constituye  por el contrario- y por sus efectos potenciales-  en un imperativo teorético/ político. Imperativo que ha cobrado especial relevancia en este proceso investigativo, habida cuenta del manto controversial que envuelve la situación de prostitución y más particularmente, la figura de las mujeres que la ejercen.

  Sobre la base de lo expuesto,  es conveniente añadir que en cada párrafo de este estudio balbucea una  polifonía de voces y que en todos se  filtra lo intempestivo de la vida.

  De navegaciones y cartografías

Si hemos de re- encontrarnos con las primeras líneas emprendidas y  con las vastas implicancias de un trabajo que ha excedido los dos años de duración,  quizás resulte propicia la imagen  de una travesía, de una azarosa navegación.

  Decidimos  embarcamos tras las pistas de un problema: en una sociedad donde los códigos morales han sido flexibilizados y supuestamente tendería a desdibujarse la doble m ual, no sólo llama la atención la permanencia de la prostitución, sino su crecimiento y diversificación.

  En los últimos años ella ha adquirido mayor visibilidad pública: la oferta y la demanda se disemina entre calles, hoteles, agenda empresarial, red virtual, turismo” amoroso” de la prensa.

  Adquiere relevancia en los medios de comunicación gráficos o audiovisuales. No es patrimonio exclusivo de sectores empobrecidos, sino que se extiende a otros sectores sociales y es ejercida tanto por mujeres como por varones.

  Entre las primeras y los segundos, hay quienes reclaman ser consideradas / os Trabajadoras / res uales promoviendo diferentes formas de defensa de sus derechos a través de organizaciones gremiales que integran y participan de los movimientos sociales.

  La precisión de nuestra lupa sobre la prostitución  callejera ejercida por mujeres mayores de veintiún años, estuvo guiada por una sospecha: las condiciones de vulnerabilidad y discriminación que- aún en el marco antes descrito - puede comportar  la serie mujer/ pobre/ prostituta.

  Entre los pertrechos de nuestras mochilas, contaba la firmeza de una decisión por todas compartida: no calcar mapas previos.

Fundamentalmente los legados por aquellas incursiones disciplinares en el territorio de la prostitución  que han exaltado  con rojo un  rumbo unívoco:   la figura de las mujeres que la ejercen.

  Construidas  desde sentidos que oscilan entre la peligrosidad y el contagio hasta la redención y rescate de las víctimas, quedan atrapadas en los círculos concéntricos de lo unívoco.

  En el trabajo  de fijar coordenadas debe contemplarse sin embargo una multiplicidad de líneas y por tanto,  adquieren significación algunas obliteraciones  efectuadas.

    En principio, las voces de las propias involucradas. En términos generales ellas han sido habladas, pero “ ser hablado implica un ser que habla, no menos que alguien que es atravesado por las voces de los otros” (Mizraje, 1999:15).

  En otro plano advertimos una constante: la omisión discursiva de la figura del cliente en la relación de prostitución. Omisión no casual y sí  “parte del poder de exclusión del discurso, que de esta manera borra las huellas de la producción de una práctica social, dejando como únicas responsables a las mujeres y eximiendo de responsabilidad a los hombres” ( A1: 21).

  A nuestro criterio, una perspectiva de interpretación relacional  no podía  escindir entonces la figura y la voz del cliente de la práctica social a ser investigada.

  En orden a contemplar otras rutas de navegación en torno a la construcción social de subjetividades y a sus inscripciones en la relación de prostitución, debimos adiestrarnos en una ardua tarea: trazar nuevas cartografías.

  Dibujamos algunas líneas norte- a modo de supuestos anticipatorios de sentido- para sustentar la orientación de nuestra brújula y en este despunte inicial, no nos fueron ajenos los valiosos aportes efectuados por los Estudios de Género.

  Si bien ellos han sido fundantes  en el análisis de la subjetividad de las mujeres, incluyen -a partir de la década del 80 - una corriente que promueve otras producciones de sentido: las relaciones de género entre varones y mujeres (I A2).

  El concepto alude a las subjetividades en tanto construcciones sociales e históricas- no naturales-  describiendo modos de desear, pensar, sentir y actuar inscriptos de manera diferencial en ambos géneros.

  Así, “la significación diversa que adquiere lo masculino y lo femenino- ada por factores históricos, ideológicos, políticos, religiosos, económicos y culturales- produce subjetividades subyugadas en una trama compleja de discursividad, creencias, mitos, valores, expectativas sociales y personales"”( A1: 3).

  La categoría de las relaciones de género, constituye una herramienta de análisis que permite incursionar en aspectos de la realidad que de otra manera quedarían in visibilizados.

  Se  instituye entonces como una posible  llave heurística para abrir algunos cerrojos de lo interdicto en el terreno de la prostitución, atendiendo particularmente a que  ha sido  construido como el espacio social, cultural y político de la  sexualidad prohibida, explícita y centralmente erótica. De la ualidad estéril y no fundante de futuro. ( A2).

  Si hablamos de inscripciones diferenciadas entre ambos géneros y las contextualizamos en el soporte relacional del vínculo prostituta / cliente - cruzado transversalmente por la variable de la ualidad- es imposible eludir la dimensión inherente al poder.

  En la línea argumentativa de Burín y Meler (2000) se sostiene que más allá de las matrices teóricas, las relaciones de mujeres y varones pueden ser consideradas como relaciones sociales y a partir de ello, analizadas desde la dimensión de las relaciones de poder.

  Por lo tanto, el deseo que los une o los separa no responde de modo inmediato a la diferencia ual anatómica, o a las urgencias de un instinto, sino que es parte de vínculos complejos donde se articulan la ualidad, auto conservación y la hostilidad, bajo la forma del dominio y la subordinación.

  Tanto el sentimiento subjetivo de masculinidad o femeneidad como el deseo erótico, cualquiera sea su objeto, se construyen a través de un devenir histórico que es a la vez, individual y colectivo. (Burín y Meler, 2000).

  Por su parte ya Foucault (1995) se ocupaba en señalar, que no debe describirse a la ualidad como impulso extraño a un poder que se encarnizaría por su lado en someterla y que fracasaría a menudo en su intento de rla por completo. Más bien ella aparece como un punto de pasaje para las relaciones de poder.

  Para Foucault la ualidad no es el elemento más sordo en las relaciones de poder, sino uno de los que están dotados de la mayor instrumentalidad: utilizable para una  cantidad de maniobras y punto de apoyo o bisagra para las más variadas estrategias.

  Tal como ya se señalara,  en el planteo del problema de esta investigación se alude a flexibilización de los códigos morales y de la doble moral, con una correlación significativa de la permanencia, crecimiento y diversificación de la prostitución.

  Pero los aportes de  Pheterson (en Juliano, 2002)  nos obligan a contemplar ciertos recaudos, fundamentalmente cuando la autora señala que la prostitución es un prisma a través del cual se obtiene una mirada diferente del funcionamiento de la cultura: pone al descubierto sus contradicciones, sus temores y sus tabúes.

  Que una  correlación se estime como significativa, no implica que sea directa: a un marco de  mayor flexibilización no corresponde forzosamente una sutura hegemónica y proporcional de contradicciones, temores o tabúes en lo que a ualidad refiere.

  Así, estos recaudos epistemológicos debían ser tomados  fundamentalmente en relación a los sesgos de una lógica de pensamiento binario- propia de la cultura occidental- que construye sentidos en términos dicotómicos y que permea por tanto nuestra propia subjetividad en tanto investigadoras.

  De modo que, no podíamos dejar de estar atentas a que el problema de esta investigación no  quedase capturado tras soportes lógicos que operen en términos lineales causa- efecto, blanco- negro, lo uno o lo otro.

  En este sentido, era preciso no pasar por alto que entre lo blanco y lo negro hay infinitos matices y que es justamente en ese “entre”  donde se juega el plano de la cultura. (Méndez, 2003).

  Al mismo tiempo, hablar de subjetividad supone en principio no concebirla  como una especie de interioridad opuesta a un mundo pensado como exterioridad, sino  que remite a un troquelado en el que no puede escindirse lo que está adentro de lo que está afuera.

  El concepto de construcción suscribe la idea de movimiento, pero él se traduce en múltiples inscripciones entre lo viejo y lo nuevo en los pliegues de nuestra subjetividad. Y es así como ésta se constituye: en  “cómo se nos va plegando el afuera y cómo pegamos y despegamos permanentemente” (Méndez, 2003: 3).

  De  manera que, entre  un marco de mayor  flexibilización de códigos morales y uales y la permanencia, crecimiento y diversificación  de la prostitución se insinuaba  la gama de los grises. Ella envolvía en una escena de claroscuros a esta práctica social  y a las subjetividades femeninas y masculinas allí involucradas.

  Hacer referencia a subjetividades femeninas y masculinas involucradas desde el sustento de una perspectiva de género, formaba además parte de  un diagrama en el que la figura de la mujer que ejerce la prostitución y la del cliente parecían en sí mismas insuficientes.

  Los aportes de Juliano (1999) nos otorgaron una nueva pista. Desorientadas en un laberinto de trazos, pudimos reparar así en un vértice tangencial:  nuestra propia figura. O sea, la contrafigura femenina que no ejerce la prostitución.

  La prostitución ha sido definida históricamente en base a una concepción determinada de mujer y del lugar social que le corresponde. La figura femenina que la ejerce, era considerada necesaria para el reaseguro de la institución matrimonial, pero al mismo tiempo era estigmatizada  por constituir el o que las esposas no podían de ninguna manera seguir ( A 1).

 

En palabras de Dolores Juliano: “ ... no puede entenderse la construcción social de los roles uales sin tener en cuenta sus polos estigmatizados y sus funciones disuasorias. Junto con los aparatos ideológicos de control formal estudiados por Foucault(escuela, cárcel, sistema sanitario) e interactuando con ellos, existe un sistema informal que a través de valorizaciones y estigmatizaciones, coloca a cada persona en un lugar de la jerarquía social y transforma la transgresión en desvalorización, neutralizando así los efectos críticos y transformadores que la transgresión puede implicar” (Juliano, 1999: 11).

 

Al problematizar los sentidos estigmatizantes que cruzan aún  la prostitución, Juliano sostiene que ellos no tendrían que ver con el intercambio económico que es altamente valorado en nuestra sociedad, ni con el centramiento en la ualidad, dado que vivimos un momento en el que se preconiza la libertad ual y se valora su ejercicio para ambos s( A 1).

 

A su criterio, la sanción a la prostitución se vincula a la existencia de dos polos o os sociales de mujer: uno positivo, el de “madres posas” (Lagare, 1993) y otro negativo, el de las prostitutas. Este último serviría como elemento de control de las primeras, que deben atenerse rígidamente a las normas de conducta asignadas para no ser “confundidas con” o “tratadas como” si lo fueran ( A 1).

 

Pero si  bien los aportes de Juliano constituían una veta fructífera para el trazado de nuestras cartografías, no podía  obviarse que ellos se inscribían en el marco de la realidad española, más específicamente, de la ciudad de Barcelona.

 

Esto ocurría asimismo con el estudio de Lagare(1993)  retomado por Juliano, en el que construye  conceptos tales como el  de “madres posa” o el  de “dependencia vital” constitutiva de la subjetividad femenina, llevado a cabo en Méjico.

 

O  con los insumos de otras investigaciones previas sobre prostitución desde una perspectiva de género consultadas, tales como la de Nencel (2000) en Perú o la de  Medeiros(2000) también en Barcelona.

 

Más proclives a posicionarnos desde una perspectiva epistemológica que subraya la construcción de  saberes situados antes que la afiliación al carácter universalista y trascendental de los conceptos, convenimos otro recaudo.

 

En nuestra ruta de navegación debía preservarse entonces,  la tensión permanente entre la particularidad y la universalidad en lo que al territorio de la prostitución y a subjetividades involucradas refiere.

 

Las líneas hasta aquí cruzadas en  borradores heliográficos,  parecían desafiarnos desde un paisaje constituido por una diversidad de planos.

 

Inquietas pero empecinadas, alcanzamos a formular   los  interrogantes que han dado lugar a esta investigación:

 

 

 

 

En relación a la percepción social y de los clientes:

 

-           En un contexto de una m ual más permisiva¿ qué nuevas significaciones le otorgan a la prostitución tanto las prostitutas como los clientes?

-           ¿Sigue siendo la prostitución el terreno de lo prohibido, la transgresión y la lujuria?

 

En relación a la percepción que las prostitutas tienen de sí mismas y de las prácticas en la prostitución

-         ¿Cómo organizan sus significaciones acerca de lo que es ser mujer?

-         ¿Cómo concilian o amalgaman un mandato social acerca de la ualidad para otros y su vida privada y afectiva?

-         ¿Puede el ejercicio de la prostitución revertir la “dependencia vital” (Lagarde, 1993) constitutiva de la subjetividad femenina?

-         ¿ Confieren las prácticas eróticas desarrolladas en el ejercicio de la prostitución un soporte emocional que las conflictúa o por el contrario, reafirman su identidad en la confirmación de una veta transgresora que las fortalece?

-         Si el mandato social es constituirse en objeto erótico para otros ¿ pueden rescatarse como sujetos con derecho al disfrute y la gratificación en el ejercicio de la prostitución o por el contrario, tienen una ualidad escindida?

-         ¿ Cómo se desenvuelve la vida cotidiana de una mujer prostituta, cómo organiza su vida familiar y la atención de los hijos en el caso de ser madre?

-         ¿ Qué lugar ocupa en su vida la atención de su salud?

 

Respecto a las relaciones de poder:

-         ¿De qué manera las prostitutas construyen su poder en su relación con los clientes?

-         ¿El vínculo prostituta- cliente es una relación de subordinación o es posible observar alguna fractura que permite la transgresión?

-         ¿Qué otras estrategias de transgresión al o construyen?

-         ¿Qué redes de competencias y lealtades existen entre las prostitutas respecto de los clientes?

-         ¿Cuáles son los sistemas de control que existen para la prostitución y cómo son percibidos por las prostitutas?

-         ¿Es solamente el Estado el que ejerce el control o bien hay otros sistemas más sutiles e implícitos?

 

De estos interrogantes, se desprendían las siguientes hipótesis:

-         Las mujeres generan sus propias interpretaciones del mundo y explícita o implícitamente cuestionan las propuestas ntes.

-         Conforman subculturas fragmentadas, heterogéneas y generalmente carentes de objetivos explícitos, con un variable nivel de autoconciencia y con escasas posibilidades de comunicación e intercambio de experiencias.

-         Construyen sus propias estrategias para hacer uso de sus cuotas de poder – tanto en su trabajo ual como en su vida privada- prácticas disfrazadas de subordinación o sumisión a las normas.

-         En la micro política del vínculo cliente- dinero- prostituta, es posible visualizar la micro política de la institución conyugal y la macro política de las relaciones de explotación y subordinación.

-         El contrato erótico- ual entre cliente y prostituta, continúa siendo percibido como un lugar de transgresión deseable.

Atisbando un horizonte que presagiaba posibles tormentas, levamos anclas  y emprendimos nuestra travesía.

 

 

DE PUERTOS Y ESCENAS

EN EL ENCUENTRO DE LOS CUERPOS

 

Primera escena:

 

... Territorio académico,  espacio  trazado con  la textura de lo solemne. Pero algo  interrumpe, subvierte, desordena. A modo de un rostro bifronte que se quiebra, acontece el encuentro entre cuerpos femeninos disímiles:  el nuestro y el de  mujeres que ejercen la prostitución.

 

Desde planos superpuestos, convergen figuras habituadas a la primacía cotidiana del pensamiento y otras, a la batalla sin treguas del cuerpo.

 

Es difícil saltar  la propia sombra y el intercambio de saludos, es acompañado por el disimulo con que se observan  desde sus inscripciones subjetivas.

 

Modelos contrapuestos de mujer- el de las madres posas y el de las prostitutas- se predisponen sin embargo al diálogo.

 

El contrapunto inicial de precauciones lentamente se difuma, al tiempo que ambas despliegan un gesto:  herir con paciencia los rostros en que unas y otras han quedado capturadas...

 

Segunda escena:

 

... Territorio subjetivo masculino y un supuesto que nos acompaña: la negativa de los varones a desplegar el puente de su palabra.

 

Pero algunos lo desestiman, nos tienden su mano para sortear el límite que nos separa y con ritmo  pausado, se desnudan  ante nosotras permitiéndonos conocerlos.

 

Hay quienes muestran   sus llagas subjetivas y otros que exponen  la musculatura sistemática o casual de sus aventuras.

 

La mayoría se asemeja a la figura de un hombre en cruz, con el deseo sitiado entre dos figuras femeninas contrapuestas: la prostituta  y la  madres posa...

 

Tercera escena:

 

... Territorio subjetivo femenino. Ambas mujeres, ambas madres. Sentadas frente a frente y ataviadas  ya con las prendas de la confianza en este encuentro.

 

Una investigadora, la otra trabajadora ual como ha elegido llamarse. Una escucha,  otra deshilvana las hebras que  entretejen su historia de vida.

 

Esta última abre los cerrojos de su intimidad a la primera y con cada vuelta de llave, su figura se tiñe con la gama de los grises. Los polos se confunden  en el devenir de su relato: la prostituta no se contrapone a la madres posa.

 

Desmintiendo un juego de equívocos,  se muestra como trabajadora ual  pero también como  madres posa.

 

La crudeza de algunos recuerdos las acerca a un territorio común y desde las vísceras, les estalla la rabia.

 

Entrecruzan sus manos sobre la mesa,  refrendando una insistencia  mutua de rebeldía  frente a los mandatos...

 

Concebimos a la construcción de conocimiento inscripta en el orden de lo imprevisible. De allí   nuestra apelación  a  imágenes de travesía o navegación, al procurar dar cuenta de algunas implicancias en este proceso investigativo.

 

Hacer referencia además a  lineamientos  teóricos en términos de cartografía o a  nuestra figura de investigadoras en tanto cartógrafas, supone entender que la teoría se hace conjuntamente con los paisajes cuya formación acompañamos (Rolnik, 2003).

 

En este sentido, fueron los encuentros sucesivos con  mujeres que ejercen la prostitución y con  clientes- protagonistas principales de esta investigación- los que posibilitaron una revisión permanente de nuestros supuestos iniciales y una problematización más exhaustiva.

 

Retomando algunos lineamientos sustantivos de la obra de Deleuze- Guattari Rolnik sugiere que la práctica de un cartógrafo “aborda fundamentalmente las estrategias de las formaciones del deseo en el campo social” (Rolnik, 2003:1).

 

Para la autora, poco importa qué sectores sociales tomemos como objeto. Interesa en cambio que estemos atentos “ a las estrategias del deseo en cualquier fenómeno de la existencia humana que nos propongamos investigar” (Rolnik, 2003: 1).

 

Pero el tratamiento del deseo tiene otras connotaciones en la producción de Deleuze-Guattari y con su lectura,  se  insinúan nuevos interrogantes y otras claves   de interpretación posibles  para este estudio.

 

El puerto de la sobre codificación

 

 

Desde el código psicoanalítico el deseo es efecto de la prohibición, de la ley del incesto. En tanto hay algo prohibido, debe existir algo eternamente deseante.

 

Pero Deleuze- Guattari construyen una perspectiva sobre el deseo desde otro código:  no lo vinculan con  la ley, sino con    la producción y con la potencia de la vida.

 

Para estos autores, la  fuerza de la vida se manifiesta en producción deseante. Y es ella lo que caracteriza nuestra forma de existencia humana.

 

En el análisis efectuado por Méndez(2003) sobre la obra de Deleuze- Guattari, se  pensionan ambas perspectivas  con la idea de múltiples códigos, de verdad y de imposición de una verdad.

 

Tal como allí se señala,  pensar o componer el concepto  de una manera u otra  tiene diferentes efectos y es importante contemplar, que ellos  constituyen nuestras subjetividades.

 

La composición del concepto de deseo vinculado a la ley, encuentra anclaje  con la concepción de falta, vertiente del pensamiento judeocristiano. Ligada al pecado, a una posición de deuda y a un lugar de culpa, configura una serie que en tanto tal, no puede desprenderse: culpa, falta, deuda (Méndez, 2003).

 

Pensar en términos de producción deseante suscribe la idea de transformación. Supone otras maneras de relacionarse  con una / o misma / o y con los otros, con el mundo, con las cosas, con todo lo existente (Méndez, 2003).

 

Al pensionar  estos aportes en la situación de prostitución, el régimen de mirada procura establecer nuevas coordenadas.

 

Tal como ya se señalara, Foucault(1995) concibe  la ualidad como punto de pasaje para las relaciones de poder.

 

Al mismo tiempo  es preciso reconocer, que nuestras huellas  subjetivas son fuertemente tributarias de la sobre codificación efectuada por el pensamiento occidental en torno a las marcas de la ley,  la falta y la culpa.

 

Sí entre la macro política del sistema capitalista / patriarcal y una diversidad de micro políticas hay una “relación complementaria e indisociable en la producción de

realidad psicosocial “ (Rolnik, 2003: 3),  interesa desentrañar algunos trazos de lo que podría denominarse aquí como micro política del deseo.

 

El puerto del capitalismo como rufián

 

Para Rolnik (2003)  “el capitalismo contemporáneo avivó las fuerzas de invención para, como rufián, vivir de ellas” (Rolnik, 2003: 4).

 

En relación a los modos de subjetivación del capitalismo en la actualidad,  la autora alude a la sobre codificación de “identidades prét-á-porter”(de fácil asimilación y acompañadas por una poderosa producción de marketing) que es el canal para pertenecer al disputado territorio de una “subjetividad lujo”(Rolnik, 2003).

 

Esto no es poca cosa, habida cuenta que por fuera de ese territorio se corre el riesgo de muerte social por humillación,  exclusión, cuando no de muerte real. El riesgo de caer en la cloaca de las “subjetividades basura” y sus configuraciones: sin techo, sin trabajo, sin comida, sin atención sanitaria, gente “sin”. Territorio que crece día a día (Rolnik, 2003).

Si la subjetividad basura vive en forma permanente la humillación de una existencia carente de valor, en la subjetividad lujo sobrevuela la amenaza constante de una pendiente hacia el territorio cloaca. El miedo entonces, pasa a comandar la escena(Rolnik, 2003).

 

En este marco es dable re- pensar la permanencia, el crecimiento y diversificación de la  prostitución, como una de los tantos escenarios en los que se plasma la micro política del deseo.

 

Ella se  instituye como certificado de garantía para las ganancias que el capitalismo- en tanto rufián- procura.

 

Al pensar en matrices subjetivas talladas con el cincel de la discordia pensamiento/ cuerpo,  el deseo sellado bajo el lacre de la prohibición   y el fantasma de la culpa atisbando tras la mirilla de nuestras transgresiones, la ualidad se insinúa como un pasaje para las relaciones de poder. Pero este  no sólo envuelve a los propios involucrados, sino que los trasciende.

 

En la permanencia de la prostitución  puede entreverse entonces  la perpetuación de rasgos disciplinatorios en las relaciones inter - género e intra - género.

 

Su crecimiento y diversificación puede leerse en tanto, desde diversas producciones de sentido entramadas en las construcciones discursivas.

 

Entre  algunas  habituales y posibles: como sinónimo de desinhibición ual, como uno de los tantos servicios que nuestra economía ofrece o como aspecto decadente de nuestra sociedad y nuestra cultura.

 

 

Fuente: Fac. de Trabajo Social UNR. Autoras: Nora Das Biaggio, I Firpo, Z Lenarduzzi, A Vallejos, A Reggiardo Blanca

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