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Historia de la Terminología del Género.

 

Ponecia VII Congreso Nacional de Sexología, Colombia 1996. Traducción: Luis Eudardo y Nora I Yepes

 

Hoy en día en la sexología estamos tan familiarizados con el uso de los términos de género, identidad del género y rol del género, que me es difícil darme cuenta de que cuando escribí mi disertación de doctorado, en 1952, estos términos no existían.

Me las tuve que arreglar sin ellos, pero me fue virtualmente imposible continuar de esa forma al seguir escribiendo sobre la sexología del hermafroditismo.

De modo que tres años luego de mi disertación acuñé el término rol del género (Money, 1955) ampliado posteriormente para incluir la identidad de género (Money y Ehrhardt, 1972). 

            El problema que encontré en la sexología del hermafroditismo fue que cada persona hermafrodita estaba designada no como masculino ni femenino sino como neutro[1][1].  No obstante, el sexo así designado no necesariamente concordaba con la morfología de los órganos genitales, ni con su adecuación con el rol sexual de él o ella, respectivamente, que está en el rol sexual genital.

El sexo designado tampoco necesariamente concordaba con el sexo cromosomático o de las gónadas, el sexo hormonal puberal y fetal, la anatomía procreadora interna, o la morfología postpuberal del cuerpo.  No obstante, en  sociedad el individuo no tenía un rol neutral sino masculino o femenino. 
A esto le puse un nombre: rol del género, sin tener en cuenta el grado de su concordancia con las variables somáticas del sexo.  El rol del género, no obstante, no excluía específicamente el sexo morfológico o los genitales y el grado de su adecuación funcional.
En 1955 el rol del género hizo su debut en el mundo impreso con la siguiente definición (Money, 1955): 

El término rol del género se usa para significar todas aquellas cosas que la persona dice o hace para mostrarse a sí misma que tiene el estado de muchacho u hombre, niña o mujer, respectivamente. Esto incluye, pero no se restringe a la sexualidad en el sentido de erotismo (...) Cromosómico, gonadal, hormonal, y sexo asignado, cuatro elementos interrelacionados, que han sido revisados como índices que se pueden usar para predecir el género de una persona hermafrodita: su perspectiva, conducta y orientación, sea masculina o femenina.

 De los cuatro, el sexo asignado se erige como el mejor indicador.

 Aparentemente, el rol del género de una persona como muchacho o niña, hombre o mujer, se construye acumulativamente a través de las experiencias de vida que esa persona encuentra y a través de las experiencias que enfrenta. 

El rol del género se puede comparar con un idioma nativo. Una vez internalizado, el lenguaje nativo de una persona puede caer en desuso y ser suplantado por otro, pero nunca es totalmente erradicado.

De igual forma el rol del género se puede cambiar o, a semejanza del bilingüismo nativo, puede ser ambiguo, pero también se puede volver tan profundamente arraigado que ni aún flagrantes contradicciones del funcionamiento del cuerpo y de la morfología lo pueden desplazar.  En una segunda publicación, también en 1955, la definición de rol del género se amplió para criterios de evaluación (Money et al., 1955):
El rol del género se evalúa en relación con lo siguiente: maneras generales, porte y conducta: preferencias de juegos e intereses recreacionales, temas espontáneos de conversaciones espontáneas y comentarios casuales, contenido de sueños, ensueños y fantasías; réplicas a indagaciones oblicuas y test proyectivos, evidencia de prácticas eróticas y, finalmente, las propias respuestas de la persona a indagaciones directas...
Género e impresión:
(Mis) estudios sobre hermafroditismo han apuntado con mucha fuerza hacia el significado de las experiencias encontradas y enfrentadas para establecer el rol y la orientación del género.  Esta afirmación no es el respaldo a una teoría simplista de determinismo social y ambiental.  Las experiencias se enfrentan, al igual que se encuentran - la conjunción de los dos términos es imperativa- y los encuentros no dictan automáticamente respuestas predecibles.  Hay un amplio espacio para la novedad y para procesos cerebrales y cognoscitivos inesperados en el ser humano. 

A pesar de lo novedoso y de lo inesperado, los procesos cerebrales y cognoscitivos no son infinitamente modificables. La observación de que el rol del género se establece durante el crecimiento no nos debería llevar a la apresurada conclusión de que el rol del género es fácilmente modificable.  ¡Todo lo contrario! La evidencia de ejemplos de cambio de reasignación de sexo en el hermafroditismo indica que  el rol del género no sólo se establece, sino que también se imprimen en forma indeleble.

Aunque el género se empieza a imprimir desde el primer cumpleaños, el período crítico se alcanza en la época de los dieciocho meses de edad. A los dos años y medio de edad, el rol del género ya está bien establecido. Aquí hay una analogía con la diferenciación anatómica del embrión. Los aspectos filogenéticos de la impresión evitan la falsa dicotomía entre biología y aprendizaje social, uniéndose en una fase crítica del desarrollo.  Naturaleza/período crítico/crianza es el nuevo paradigma que reemplaza el viejo paradigma de dos términos naturaleza/crianza.
El tiempo del período crítico es decretado filogenéticamente.  Así lo es también el reconocimiento del liberador de estímulos y la respuesta que se libera y se imprime durante el período crítico.  Una vez completada la impresión, no hay retroceso.  Así, el idioma nativo una vez impreso no se puede erradicar, excepto por una lesión cerebral. Similarmente, la impresión del género, una vez fijada, no se puede erradicar, aún si llega a quedar en desuso.  Sexo versus género 
En el mundo académico y de los medios de comunicación, la duradera dicotomía entre naturaleza y crianza separa inexorablemente al sexo del género.  El sexo lo asignan la biología y la naturaleza. El género lo asignan al aprendizaje social y la crianza.  Stoller, en 1968, escindió los dos aspectos en el título mismo de su libro, Sexo y Género
En el prefacio escribió:  La palabra sexo en este trabajo se referirá al sexo masculino o femenino y a las partes biológicas componentes que determinan si se es macho o hembra... Aquellos aspectos de sexualidad que se han llamado género son ante todo determinados culturalmente; esto es, aprendidos postnatalmente. Aunque Stoller dejó una salida con diversas salvedades y calificaciones, otros que lo siguieron no lo hicieron.
Muy pronto se volvió un canon académico, repetido en multitud de libros de texto y artículos de periódicos, lo de que el sexo es biológico y que se nace con él, mientras que el género es aprendido socialmente y se adquiere.  No había lugar para la biología sexual en el cerebro ni para la hormonalidad determinada prenatalmente, ni tampoco para  la postnatalidad determinada por la biología del aprendizaje y el recuerdo. 

            La separación de biología y sexo de género y cultura se vio accidentalmente reforzada en noviembre de 1966 cuando el hospital Johns Hopkins anunció, mediante comunicados a la prensa, la formación de una nueva clínica para el tratamiento del transexualismo por reasignación del sexo.

La clínica había sido conocida informalmente como la clínica para el cambio de sexo, pero bajo mi instigación se le llamó formalmente la Clínica de Identidad del Género, un nombre que debería haber abierto su campo de acción más allá de transexualismo hacia los múltiples temas de la identidad del género.

El significado más angosto, no obstante, logró ganar la batalla. El desorden de la identidad del género quedó inseparablemente ligado al transexualismo. En lo transexual, la identidad de género, por una parte, y el sexo de los genitales y la morfología del cuerpo, por otra, son discordantes entre sí. Esta discordancia, aunque erróneamente interpretada, comúnmente significa que mientras el sexo es biológico, la identidad del género no lo es, sino que socialmente es adquirida o aprendida.
 Repitiendo una máxima de 1850, el transexual dice tener una mente de mujer en un cuerpo de hombre, o una mente de hombre en un cuerpo de mujer (Kennedy, 1988 Cap. 7). 

            El gran punto oscuro de esta máxima es que no alcanza a reconocer que la mente pertenece al cerebro, el cual a su vez pertenece a la biología.

El aprendizaje ocurre en el cerebro. En neurociencia hay un vasta biología experimental del aprendizaje y el recuerdo. Otro punto oscuro de la máxima es que desconoce completamente la evidencia clínica humana y experimental animal de que lo hormonal y tal vez otros neuroquímicos aún no descubiertos, incluyendo influencias neuroesteroidales (Mellon, 1994), dentro del cerebro, especialmente prenatalmente, actúan como precursores de la posterior masculinidad o feminidad en la formación de la identificación del género en la vida postnatal.

Una influencia no descubierta podría muy bien pertenecer sólo secundariamente a la identidad del género, y primariamente  a la imagen del cuerpo.  La reasignación del sexo podría ser una secuela a la incongruencia entre el sexo natal de los genitales y una transposición congénita de la imagen del cuerpo (Money, 1994). 
      Una vez que el término identidad del género tomó lugar en el lenguaje junto con el rol del género, no hubo razón para no usar ambos términos.  Al escribir un glosario para el libro Man and Woman, Boy and Girl: The Differentiation and Dimorphism of Gender Identity from Conception to Maturituy[2][2] (Money y Ehrhardt, 1972) definí cada término como un recíproco del otro, de la siguiente forma:
 Identidad de género: la similitud, unidad y persistencia de la individualidad de una persona como hombre o mujer o ambivalente en mayor o menor grado, especialmente en lo experimentado como autoconciencia y conducta.  La identidad del género es la experiencia privada del rol del género, y el rol del género es la expresión pública de la identidad del género. Rol del género: todo lo que una persona dice y hace, para indicarle a los otros o a sí misma el grado en el cual es hombre, mujer o ambivalente.
Esto incluye pero no se reduce al despertar y la respuesta sexual.  El rol del género es la expresión pública de la identidad del género, y la identidad del género es la experiencia privada del rol del género.   En la construcción gramatical de una frase, identidad de géneros y roles, como el sujeto requiere un verbo en plural, se destruye así cualquier semblanza de un concepto unificado.
Para superar este obstáculo, en los últimos años de la década del 70 inventé un sustantivo en singular usando una sigla, G-I/R[3][3] para género-identidad/rol. En el glosario de Love and Lovesickness: The Science of Sex, Gender Differences, and Pair-Bonding[4][4] (Money, 1980)  utilicé la sigla G-I/R para condensar la identidad y el rol en un sustantivo singular, aunque manteniendo su separatividad como dos caras de la misma moneda, así:
género-identidad/rol (G-I/R):  la identidad del género es la experiencia privada del rol del género, y el rol del género es la manifestación pública de la identidad del género. La identidad del género es la similitud, unidad y persistencia de la individualidad de una persona como hombre, mujer, o ambivalente, en mayor o menor grado, especialmente si se experimenta como autoconciencia y conducta. 
  Rol del género es  todo lo que una persona dice y hace  para indicarle a los otros o a sí misma el grado en el cual es hombre, mujer o ambivalente;  esto incluye pero no se reduce al despertar y la respuesta sexual.
  GÉNERO NEUTRO             En 1980 el término género ya se había emparentado y difundido junto con identidad y rol para tomar una vida independiente a nivel de léxico, o más correctamente tenía dos vidas en una.  Una vida era un descarado sinónimo de sexo, hombre o mujer.  En su segunda vida a nivel del léxico, el género era neutro.  El sexo biológico y la reproducción fueron específicamente excluidos.  Género significaba  diferencias macho y hembra atribuibles a estereotipos culturales arbitrarios y al desarrollo de la socialización.  El género neutro nos volvía a todos como las muñecas Barbie y Ken, sin nada entre las piernas.
       No fue sino hasta 1992, cuando el American Heritage Dictionary (3a. edición) le dio un reconocimiento directo dentro del léxico a este segundo significado de género. Lo hizo como una NOTA DE USANZA incluida dentro de la connotación para género, así:

“Tradicionalmente, género se había usado primeramente para referirse a las categorías gramaticales de ‘masculino’, ‘femenino’ y ‘neutro’; pero en años recientes se ha establecido el uso de esta palabra para referirse a categorías basadas en el sexo, como en frases como brecha de géneros y las políticas de géneros.

Este uso está apoyado por las prácticas de muchos antropólogos, quienes reservan sexo para referencias a categorías biológicas, mientras que usan género para referirse a categorías sociales o culturales.  De acuerdo con esta regla, uno podría decir: la efectividad de lo que formula el médico parece depender del sexo (no género) del paciente, pero en las sociedades pasadas, los roles del género (no del sexo) están tendiendo a ser más claramente definidos.
 Esta distinción es útil en principio, pero de ninguna manera implica que sea ampliamente observada ni que ocurran variaciones considerables en el uso que se le da a todo nivel”. 

De hecho, no solo en la antropología sino también en todas las ciencias sociales, en particular entre los psicólogos sociales y los sociólogos, antes que entre los antropólogos, la práctica evolucionó al usar el género para referirse a categorías sociales o culturales.  La psicología social y del desarrollo había tenido una larga historia en el estudio de diferencias de sexo y roles del sexo.

En este uso del sexo, la sexualidad procreadora y el erotismo fueron  excluidos expresamente.  Este sexo neutro preparó el camino para el género neutro.  El resultado es la confusión léxica y la redundancia.
 En la literatura coexisten los tipos sexuales masculino y femenino, los roles de sexo y roles de género, la identidad sexual e identidad de género, así como las diferencias de sexo y de género.  Términos compuestos como conducta sexo-rol, conducta género-rol, identidad género-rol, e identidad sexo-rol se suman además a la redundancia terminológica. 

            El nuevo uso, neutro, del género en las ciencias sociales no sólo divorcia al género de la biología, sino también a la biología de la procreación.  Moral y políticamente, había un bono escondido en este divorcio, porque permitió que el género neutro también quedara divorciado de la lujuriosa carnalidad de los órganos sexuales.  Aforísticamente, el género estaba localizado en la cabeza, y el sexo en la pelvis.  El género era limpio e incontaminado del sucio sexo.  Esto también evitaba la ineludible diferencia del sexo en la procreación y el embarazo.

 En público se podrían debatir iguales derechos profesionales en la mesa de negociaciones, al margen del género, en tanto que la reciprocidad genito-dependiente de derechos sexuales iguales en la alcoba desafiaba la revelación pública. 

 El rol del sexo también era una palabra delicada, como si se desviara demasiado cerca hacia el rol del sexo. Aún el sexo en el transexualismo se volvió políticamente incorrecto.

En los 90, los transexuales de sexo reasignado quirúrgica y hormonalmente empezaron a referirse a ellos mismos y a otros como miembros de la comunidad de transgenerados. 
  En los 70, los nuevos significados neutros de género se difundieron rápidamente a través de la arena política y académica.  Su difusión en la ciencia social se aceleró debido a su compatibilidad con la reencarnación de la vieja teoría del determinismo sociocultural, la cual eventualmente se fundió con y fue absorbida por la teoría epistemológica del construccionismo social. Michel Foucault es el gran predicador del construccionismo social y de lo que yo llamaría sexología amorfa.  Lo inverso del construccionismo social fue inicialmente llamado determinismo biológico.
 Ahora ha sido renombrado como el esencialismo. Esencialismo versus construccionismo social es la reencarnación actualizada de naturaleza versus crianza. La fogosa disputa continúa.
  Crea un nuevo oscurantismo intelectual que bloquea el progreso científico de la sexología, al desconectar su forma biológica de sus determinantes sociales.  Erróneamente, repudia a la sexología, la ciencia, y la reemplaza con su propia marca de sexosofía ideológica.
  Referencias American Heritage Dictionary, (3a. edición). New York, Houghton and Mifflin, 1992.Kennedy, H.  Ulrichs: The Life and Works of Karl Heinrich Ulrichs, Pioneer of the
 Modern Gay Movement. Boston, Alyson Publications, 1988.
Mellon, S. Neurosteroids: Biochemistry, modes of action, and clinical relevance. Journal
 of Clinical Endocrinology and Metabolism, 78:1003-1008, 1994.
Money J. Hermaphroditism : An Inquiry into the Nature of a Human Paradox.
 Disertación Doctoral, Biblioteca de la Universidad de Harvard, 1952.  Servicio de Microfilm de la Biblioteca.  Xerox Corporation, Ann Arbor, MI, 1967.
Money J. Hermaphroditism, gender and precocity in hyperadrenocorticism: Psychologic
 findings. Boletín del Johns Hopkins Hospital, 96: 253-264, 1955.
Money J. Love and Lovesickness: The Science of Sex, Gender Difference, and Pair-
 Bonding.  Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1980.
Money J. Body-Image syndromes in sexology: Phenomenology and classification.
 Journal of Psychology and Human Sexuality, 6(3):31-.  1994.
Money J. and Ehrdhart, A.A.  Man and Woman, Boy and Girl: The Differentiation and
 Dimorphism of Gender Identity from Conception to Maturity.  Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1972.
Money J., Hampson, J.G. y Hampson, J.L. An examination of some basic sexual 
 Concepts: The evidence of human hermaphroditism. Boletín del Johns Hopkins Hospital, 97:301-319, 1955.
Stoller, R.J. Sex and Gender. New York, Science House, 1968.


[1][1]  N del T.: El autor se refiere textualmente a he, a she  y a it..
[2][2]  N. del T.: Hombre y Mujer, Niño y Niña: La Diferenciación y Dimorfismo de la Identidad del Género desde la Concepción hasta la Madurez.
[3][3]  G-I/R gender-identity/role: género-identidad/rol
[4][4]  Amor y Enfermedades del Amor: La Ciencia del Sexo, Diferencias de Género y Lazos de Pareja.

 

Fuente: John Money, Ph.D. Johns Hopkins

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